miércoles, 15 de agosto de 2012

Fin

Y al fin no pudo contenerse más y estalló.
- ¡¿Qué está pasando?! -el gritó retumbó a lo largo de  la calle vacía.- Qué está pasando... -se preguntó de nuevo prácticamente en un susurro, cabizbaja, desinflada. Como si en realidad no esperara respuesta alguna. - No lo entiendo. -Alzó la vista y le miró con los ojos humedecidos.- ¿Cómo hemos llegado a esto?
El joven la observó un momento y en algún lugar de su interior algo se resquebrajó al ver a su amiga. Tan indefensa, tan cansada, tan rota... En seguida enterró esa punzada bien hondo y en cuestión de segundos se recompuso resultando su dolor prácticamente imperceptible para la chica.
Apartó los ojos de ella y su mirada quedó perdida en algún punto de la fachada de en frente.
- No lo sé. -concluyó él.
- ¿No lo sé? ¿Eso es todo?
El joven se levantó del escalón del portal en el que se encontraban. Se recostó sobre la pared apoyando la espalda y así permaneció, con los brazos cruzados, durante un par de segundos de cruel silencio.
- No sé qué quieres que te diga. Sencillamente no sé cómo hemos acabado así. Sólo sé que ya no hay grupo. No hay nosotros. Estamos tú y yo, solos, y ni si quiera somos capaces de mantenernos en paz.
Ahora el silencio vino a costa de ella. Las palabras de su amigo habían sido como un jarro de agua fría. ¿De verdad eso era todo? ¿Se estaba engañando a sí misma pensando que estaba rodeada de gente mientras la verdad era que estaba sola, o a caso se engañaba al creer que estaba sola cuando en realidad no lo estaba?
- ¿Entonces ya está? -pronunció al fin.- Después de todo lo que hemos pasado a lo largo de estos años, todo termina aquí, ¿no? En cuanto las cosas se ponen feas, te rindes.
Esperó a que su amigo contestara algo pero al ver que no era así prosiguió, decepcionada.
- Genial. Estaba dispuesta a darlo todo porque esto saliera adelante pero no merece la pena salvar algo que no quiere ser salvado. -y calló.
Él solía ser impasible, pero escuchar de forma tan ruda de la boca de su amiga esa realidad que él se había empeñado en desvelar mediante cuidadas ironías e indirectas resultó ser más duro de lo que creía.
Se apartó de la pared, se plantó frente a la chica y se agachó. Colocó sus manos a los lados de la cara de ella y con suavidad la levantó lo justo para poder mirarle a los ojos. La punzada volvió a atacar su estómago y esta vez no la reprimió.
- Escúchame. Aunque nunca lo haya dicho, te quiero. Lo sabes perfectamente. Haría lo que fuera por ti y mandaría a todos a la mierda si con eso fuera a solucionar esta situación. Pero no creo que tenga remedio. Lo único que nos espera si seguimos forzándonos a estar juntos es más dolor. Y tanto tú como yo estamos cansados. Esto nos consume. No significa que no quiera volver a verte o que ya no me importes nada. Eso es imposible. Pero necesito, mejor dicho, necesitamos algo de tiempo. Al menos hasta que todo se calme.
Tras decir esto esperó que la joven dijera algo, aunque en realidad sabía que no ocurriría pues no había nada más que añadir.
Soltó su cara, se levantó y avanzó un par de pasos por la acera.
- Voy a estar ahí siempre, aunque no me veas. -miró a su amiga por última vez.- Adiós.
Y se fue.
Y allí quedó ella.
Y a pesar de que en su interior quería chillar, explotar, finalmente su cuerpo no respondió y se limitó a quedarse sentada tal y como estaba, de noche, en un escalón de portal, abrazándose las piernas y llorando.

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